EDUARDO CASANOVA SUCRE: MISIÓN FRANKENSTEIN / pararescatarelporvenir.com.ve/wp- 25-XII-2016

MISIÓN FRANKENSTEIN

Por Eduardo Casanova

 

Mary Wollstonecraft Shelley (Mary Shelley), hija del filósofo político William Godwin y de la feminista Mary Wollstonecraft y esposa del poeta Percy Bysshe Shelley, nació en Londres el 30 de agosto de 1797 y murió también en Londres en febrero de 1851. Junto con Shelley, Lord Byron y otros llevó una vida aventurera y romántica, y se le conoce sobre todo por ser la autora de la novela “Frankenstein; o, el Moderno Prometeo”, una novela gótica que bien puede clasificarse como novela de ciencia ficción, y que cuenta la historia de Víctor Frankenstein, un joven científico que crea un monstruo viviente a partir de piezas de cadáveres robadas en un cementerio, a las que aplica electricidad para darle vida al conjunto.

Mucha gente, que no ha leído el libro, por las malas películas que se han hecho cree que “Frankenstein” es el nombre del monstruo, que en realidad no tiene nombre. Frankenstein, el apellido que la autora le da al joven científico, es el nombre de un castillo en el que parece que hubo mucho de magia negra, en Alemania y que Mary conoció durante un viaje que hizo con Shelley y Lord Byron antes de casarse. El monstruo no solamente tiene vida propia, sino que piensa y hasta razona, aunque siempre en forma torcida.

La autora escribió la novela cuando tendría apenas 18 o 19 años, y la obra fue publicada sin nombre de autor en 1820, cuando Mary había cumplido 23. Solo fue en la segunda edición, en 1823 cuando apareció su nombre. Para hacer el cuento corto, el monstruo, que como dije no tiene nombre propio, termina matando a la joven esposa (recién casada) del médico, que también ve morir a su padre de tristeza. El doctor Frankenstein, a su vez, muere no mucho después de dolor, frustración, desnutrición e hipotermia en el Polo Norte, luego de tratar inútilmente de matar a su criatura. Por su parte, el monstruo desaparece en la niebla y el frío, luego de decirle al narrador (Walton) que se arrepiente de todo lo que hizo y perorar en contra de la ambición.

En pocas palabras, el experimento es un gran fracaso, que causa la rotunda desgracia y la muerte de quien lo hizo y su entorno. “Mutatis mutandis”, como suelen decir los abogados y algunos latinistas no muy bien formados, la señora Shelley podría haber escrito la historia contemporánea del chavismo. El doctor (horroris causa) Chávez reunió fragmentos de cadáveres del comunismo de la Unión Soviética, Rumania, Hungría, Alemania del Este, Checoslovaquia, Yugoslavia, etcétera, les aplicó petróleo (y mucha corrupción) y creó el socialismo del siglo XX, que ha causado la muerte y la desgracia de su entorno, y hasta la muerte de su creador, y que está destinado a desaparecer, a esfumarse en el frío y que sea un narrador quien cuente su final. Aunque parecería que, a diferencia de la novela original, en ningún caso va a decir que se arrepiente de todo el daño que hizo, porque los socialistas del siglo XXI siempre culpan a los demás de las barbaridades que hacen, y no se arrepienten de nada. Pero, de que hacen daño y matan, hacen daño, y matan. O a tiros o de hambre o de mengua. Y tampoco dirá nada en contra de la ambición, que fue el veneno que mató a Chávez y mantiene a su triste sucesor aferrado a un poder que ni merece ni sabe ejercer. La “Misión Frankenstein” ejecutada irresponsablemente no por un científico sino por todo lo contrario, un militar, hasta en eso de la confusión de nombres se parece a la novela de Mary Shelley. Ojalá que en nuestro caso también tenga un infeliz final feliz. Infeliz por las muertes, pero feliz por la desaparición definitiva del monstruo.

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