EDUARDO CASANOVA SUCRE: “EL PAPA ROSADO” 27 de diciembre de 2016

EL PAPA ROSADO

Por Eduardo Casanova

 

Jorge Mario Bergoglio, partidario del batiburrillo que llaman “teología de la liberación”, sigue diciendo disparates con respecto a Venezuela. Según su torcida óptica, el centenar de presos políticos que sufren en Venezuela no son presos de Maduro, sino que están allí por las tensiones que hay en Venezuela. Que es como suelen decir los niños después de ponerle una zancadilla a un compañerito: “Yo no lo tumbé, él se cayó por patearme la pierna”.

Sin duda que haber nombrado papa a un cura izquierdoso fue un costoso error de los cardenales, un disparate que puede costarle muy caro a la Iglesia. Los partidarios de la teología de la liberación tienen un mundo de contradicciones en la cabeza, si es que tienen algo. Mucha gente dice que no son otra cosa que infiltrados en el catolicismo, así como los militares que dieron los golpes de 1992 en Venezuela eran infiltrados por la extrema izquierda y varios de ellos lo reconocieron públicamente.

Entre los investigadores del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), cuando me tocó presidirlo entre 1984 y 1987, había un filósofo ligado a la teología de la liberación. Más de una vez discutimos el tema. Me llamaba la atención la contradicción flagrante entre el mensaje de paz que da el cristianismo y el de violencia de la izquierda, y su respuesta era señalar la contradicción flagrante entre el mensaje de la iglesia y su realidad, manchada por los curas pederastas, los defensores de la discriminación racial y del capitalismo salvaje, etcétera, pero en ningún momento trató de desmentir lo que yo le planteaba. Como dicen los abogados, quedó confeso: la Iglesia dirá misa o sermón, pero ellos creen firmemente en la revolución armada, sin importar que deben disparar a matar y cometer todos los pecados imaginables: el fin justifica los medios.

De manera que los partidarios de la teología de la liberación, incluido el papa peronista, contradicen nada menos que a Jesucristo. Como los comunistas, se sienten muy superiores al resto de la humanidad y con incapaces de aceptar o admitir la posibilidad de equivocarse. Y mienten. Mienten deliberadamente en defensa de sus ideas. Los presos políticos del gobierno de Maduro no son presos políticos sino detenidos en defensa de la sociedad. O de la revolución. Los muertos, asesinados por los militares y la policía de Maduro, son conspiradores que se atravesaron en el camino de las balas que inocentemente disparaban los policías de Maduro, se atravesaron para poder acusar de asesinos a los inocentes policías de Maduro.

Y la ruina que padece el país no es causada por los disparates de Maduro o de Chávez, sino por las medidas criminales realizadas por los imperialistas yanquis. Chávez, Maduro y compañía han sido excelentes administradores y hombres de bien, víctimas de la extrema derecha, machista, homofóbica y enemiga del medio ambiente.

Los chavistas respetan a ultranza los derechos humanos y creen en el ángel de la guarda. La realidad es una sarta de mentiras inventadas por los enemigos de la revolución. El papa rosado –sonrosado de vergüenza– también miente descaradamente cuando habla de Venezuela. Miente porque cree en lo que cree. Y sabe que mentir es un pecado. No es el primer papa pecador. Ha habido varios. Dante los ubicó en el Infierno. Y en el infierno Bergoglio se encontrará con su amigo el tuerto. Y con Chávez y Fidel. Y con Maduro. Y con Lula y la Rouseff. Y con su amiguita Madame Bótox cargada de culpas y de coimas. San Marcelo de Odebrecht, ora pro nobis.

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